Tras unos días de vacaciones en Íllora reemprendo la activad del blog con una entrada relacionada con Íllora.
Me gustaría hablaros de mi experiencia vivida el día de la entrega del premio de los 3.000€ por parte de la CEAMI. Para los que no sepáis de qué hablo, se trata de un sorteo que realizaron los empresarios miembros de la asociación en que se repartían dos premios de 3.000€ para los dos números que fueran premiados. La única condición necesaria para participar era comprar en dichos comercios y éstos te entregaban un buen número de boletos para participar en el sorteo.
Llegamos al día en cuestión. Plaza del Arco, junto al Ayuntamiento de Íllora. Frío intenso, sopla algo de viento. Miles de personas de agolpan en la plaza, de fondo se aprecia el sonido de un coro rociero, en el tumulto es prácticamente imperceptible. La gente se impacienta, algunos lanzan alguna que otra reprimenda al aire para provocar la risa en el respetable. Comienza el sorteo, una niña tímida no quiere ser la mano inocente, algunos la increpan (pobre niña, muy mala educación algunos) Finalmente un niño saca una papeleta, el presentador de la velada intenta darla intriga, lo llama. Al final, el humorista local, me alegro por él, un tipo entrañable. Recoge el premio, entre aplausos y risas, cuenta su chiste de rigor (todo un clásico el del vino mosto) y algunos abuchean (más mala educación) Se palpa la prisa, la gente quiere ganar 3.000€ y que no le entretenga con "hostias". Tras unos minutos, nuevo ganador, o mejor dicho ganadora. Es aquí cuando aparece mi sorpresa. No habiendo alcanzado la agraciada ni el segundo de los escalones que la llevaban a la su momento de gloria en el escenario, comienza los miles de personas a abandonar la Plaza del Arco como si les llevara el mismísimo diablo. Hacía frío sí, pero no tanto. En un momento de duda, no nos da tiempo a girarnos a mí pareja y a mí, cuando la gente, que ya caminaba en sentido inverso al nuestro, nos desplaza a un lado y a otro como a una bolla de esas que delimitan las zonas de la playa. La gente camina rápido y se queja: "Vaya pollas, no me ha tocao", "Cuchi a quién le ha ido a tocar, a Diego Liria". Entre improperios y empujones, nos dejamos arrastrar por la marea humana. Estamos ya casi en el despacho de pan de fuera de la plaza. A lo lejos parece que continúa la fiesta de la CEAMI. Ya pocos escuchan la alegría de la agraciada. Me cuenta que había vino y regalos para los asistentes al evento. Supongo que servirán para la siguiente ocasión, si hay.
Para finalizar, simplemente decir que fue un claro ejemplo de esa bipolaridad ilurquense, capaz de lo mejor (bravo para la CEAMI y su magnífica idea) y de lo peor (abucheo para gran parte de los vecinos) ¿Es qué no somos capaces de disfrutar de una fiesta que organizan nuestros empresarios? ¿ No somos capaces de alegrarnos por la suerte del prójimo? Vaya si esto me suena de otras veces....
Juan Ruiz
Está totalmente vacío el bar ubicado detrás del
Ayuntamiento de Íllora, el pueblo de Granada que recibe más fondos del
Plan de Fomento del Empleo Agrario (antiguo PER). Es jueves, doce de la
mañana. Refulgente sol de otoño. El campo está seco. Solo el regente del
local y la camarera atienden a los periodistas. En este café decorado
en rojo no hay ni una sola silla ni un solo taburete ocupado. Nada más
salir a la puerta, unos obreros pintan de amarillo el borde de una
acera. El ambiente es tranquilo entre estos 10.000 habitantes rodeados
de olivos.
Lejos, en Barcelona, Duran i Lleida, candidato de CiU a
las elecciones generales, montó un revuelo hace unos días al declarar
que en Andalucía se cobra el PER (Plan de Empleo Rural) por ir al bar
del pueblo. Si el político catalán estuviera aquí ahora repararía en dos
errores de su famosa frase. Por un lado, las tabernas no están llenas
ni de lejos. Sin embargo, los bancos de las plazas del pueblo están
concurridos, pero de jubilados. Por otro, el PER dejó de llamarse así
con Aznar y ahora es el PFEA (Plan de Fomento del Empleo Agrario), si
bien es cierto que muchos siguen conociendo este programa de inversiones
del mundo rural como PER.
Obras en el pueblo
Francisco Domene (PSOE), alcalde de Íllora, explica que
el dinero que se recibe desde que él es regidor -año 2007- es
básicamente para obras urbanas y mejoras en el ámbito agrario, como
caminos rurales o modernización de regadíos.
Los fondos totales que llegan hasta aquí anualmente son
unos 350.000 para materiales y 900.000 para mano de obra. «Estas
aportaciones llevan siendo las mismas en los últimos diez o doce años»,
comenta el primer edil, que defiende que la función del PER es agraria,
para mantener la cohesión social en el territorio y fijar la población
en estas zonas agrícolas. Gracias a esa inyección económica se contrata a
los habitantes del medio rural -en construcciones y distintos arreglos
municipales- para que puedan acreditar 35 peonadas, las necesarias para
cobrar el subsidio agrario (una prestación por desempleo) durante medio
año.
Los consistorios -aunque antes lo hacían- ya casi no
pueden aportar dinero por su endeblez presupuestaria, así la que
financiación del PER recae ahora en las administraciones central,
autonómica y provincial.
En pueblos como Íllora, cuando estalló el 'boom'
inmobiliario, era casi imposible encontrar a oficiales cualificados de
obras para los proyectos del PER porque hubo una emigración masiva a la
ciudad, donde se cobraban de 2.000 a 3.000 euros mensuales. «Ahora
recibimos mucha demanda de personal cualificado. Antes de la crisis los
contratos que se hacían duraban desde septiembre hasta junio. Ahora
existen tantas solicitudes que se reparten los meses de obras entre
distintas personas. Hay que tener en cuenta que el PER ayuda a completar
la renta de los individuos que viven en la Andalucía del interior,
cuyos ingresos básicos provienen de la agricultura y el turismo», abunda
Domene.
Encima de la mesa del alcalde, un escrupuloso informe
donde figuran los seis lotes que se dedicarán a arreglos urbanos:
albañilería, áridos, carpintería, fontanería... «Normalmente se convoca
un contrato abierto en el que concurren empresas del pueblo», recalca el
primer edil.
El dinero de la mano de obra -que depende del Gobierno
central- llega casi siempre por adelantado, pero el de la Diputación y
la Junta -para materiales- se cobra a posteriori y suele acumular algún
retraso. La ejecución del PER -por lo menos en Íllora- está muy
organizada, si bien su regidor reconoce que en otros núcleos se lleva a
cabo de una manera «menos formal».
Francisco Domene tilda las palabras de Duran i Lleida de
xenófobas y llenas de tópicos. «Con más o menos motivación, los
contratados para las obras están en sus puestos de trabajo los 15 días»,
apostilla en la casa consistorial, ubicada en un antiguo convento.
Por las calles, los vecinos aseguran que el 'nuevo' PFEA
se traduce cada año en actuaciones en el sector agrícola, en servicios,
desde la construcción de dotaciones de equipamientos sociales, parques o
jardines, pasando por el arreglo de calles.
En el colegio Gran Capitán, donde juguetean unos niños en
el patio, se han instalado columpios y se ha levantado un almacén.
Otras zonas del entramado urbano se han convertido en accesibles para
personas en sillas de ruedas. «Sin PER todo esto sería imposible. Sin
esas ayudas, no quedaría nadie viviendo aquí», remata Juan García
mientras se toma un café al lado de las escuelas.
De todas formas, el alcalde reconoce que estos fondos
tienen sus limitaciones. «A veces nos vemos obligados a contratar a
gente sin cualificación y, por ejemplo, a una mujer se le pone a
acarrear arena simplemente. Por eso se tiene la imagen de que no se
trabaja, pero tenemos los recursos que tenemos. En ese sentido, yo veo
mejor que nos dieran las subvenciones sin estar tan condicionadas, sin
ser tan finalistas, así con ellas se podrían prestar otros servicios
como pintura, asuntos sociales o cuidado de ancianos. Sería más útil»,
ilustra Francisco Domene.
Menos fraudes en el campo
Por otro lado, Carmelo Torralba, coordinador de las obras
del PER en la zona y alcalde pedáneo de Obéilar, asegura que en los
últimos cuatro años han descendido mucho los fraudes vinculados al
subsidio agrario (el desempleo que reciben los agricultores). Una de las
trampas consistía en que los individuos -una vez que habían logrado las
35 peonadas necesarias para cobrar la paga del PER durante seis meses-
trabajaban el resto en negro para no perder el derecho a recibir ese
pequeño, pero vital, sueldo. El resto de jornales echados en el campo
los ponía el empleador a nombre de la mujer o del hijo del agricultor
-aunque ellos jamás pisaran los cultivos- para que estos tuvieran
también derecho al 'paro'.
Los más críticos con esta prestación por desempleo
-aprobada en 1984 por Felipe González- hablan de universitarios
estudiando a decenas de kilómetros del campo y cobrando el PER al mismo
tiempo; o de gente con mucho dinero en 'B' y beneficiándose de los 400 y
pico euros mensuales. Juan Verdejo, que no es un cargo político y
ejerce como encargado del Plan de Fomento del Empleo Agrario, asegura
que ya casi nadie se arriesga a no dar de alta a un trabajador. Ha
habido condenas serias por fraude y ha aumentado la vigilancia. «El
Seprona y los inspectores de trabajo hacen controles». Él asegura que
existen más estafas en el régimen general -en el desempleo ordinario-
que en el PER.
Carlos Martín, beneficiario del subsidio agrario hace 15
años, cruza la calle. Es un hombre de unos 40 años. Ahora mismo no está
ni trabajando ni cobrando, porque se le terminó la prestación en
septiembre. Hasta principios de diciembre, que arranca la recolección de
la aceituna, no volverá a estar en activo. Mientras, su mujer acaba de
comenzar a percibir la paga de 426 euros mensuales gracias a las
peonadas que echó las pasadas navidades en las olivas. Él defiende que
-cuando no están obligados por la faena- «los perceptores del PER pueden
ir al bar las veces que quieran». «Yo no lo hago porque no me lo puedo
permitir», apostilla. Y prosigue el transeúnte: «¿Por qué no critica
Duran las subvenciones que reciben las empresas de coches de Cataluña?».
Rogelio, rodeado de jubilados en la plaza del pueblo, asevera que él
jamás ha cobrado el PER, pero sí el paro. «Aquí no hay trabajo para
echar las 35 peonadas. Si no fuera por el PER, aquí habría familias
pasando hambre», espeta.
Se crea una prestación por desempleo especial
para los afiliados al Régimen Especial Agrario de la Seguridad Social de
Andalucía y Extremadura, comunidades con una alta dependencia de la
actividad agraria y elevadas tasas de paro.
euros mensuales durante seis meses es lo que se
cobra por el subsidio agrario, a lo que hay que descontar los 86 euros
mensuales de la cotización (cartilla agraria) que deben abonar los
jornaleros. El ingreso neto es, pues, de 426 euros al mes (el 80% del
Salario Mínimo). El número mínimo de peonadas (jornales) que tienen que
acreditar es de 35.
millones en 2011 aportará la Junta de Andalucía
para los materiales de obras realizadas dentro del PER, para generar
empleo rural. En Barcelona el coste de todas las prestaciones por
desempleo en agosto fue de 328 millones de euros, según el consejero
andaluz de Empleo.


